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jueves, 6 de febrero de 2014


COLABORACIÓN CON LA "SENDA DE LOS ELEFANTES"



“Amarse uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida” Oscar Wilde

Y creo que aquí tenemos la clave, somos seres humanos completos, dotados de todas las herramientas necesarias para ser felices por nosotros mismos.

Amarse uno mismo es amar la propia vida, amar en los demás todo aquello que amas en ti mismo, cuanto más te amas, más y mejor puedes amar.

Cuando depositamos nuestra felicidad en manos del otro, le ofrecemos un poder y una responsabilidad tan grande que corremos el riesgo de que se rompa en mil pedacitos.

El otro puede ser la pareja, pueden ser los hijos, el trabajo, los amigos…nadie ni nada tiene la capacidad de poder crear felicidad como tú mismo.

Para mí, el mejor regalo que puedo ofrecer a los demás  es ser lo más feliz que pueda, porque cuando soy feliz todo a mi alrededor se contagia de emociones que son  fieles compañeras como la alegría, la paz, el amor, la ternura, la confianza…emociones que sin forzar emergen de un modo natural creando un buen clima emocional.

En cambio, cuando nos cerramos a la posibilidad de ser felices ocurre lo contrario, nos boicoteamos, nos ofendemos, no nos valoramos y vomitamos rabia, rencor, ira, egoísmo, envidia, celos…emociones altamente tóxicas que también contaminan al que está a nuestro lado.

Cuando somos padres queremos la felicidad para los hijos, pero  qué mensaje transmito si yo no me ocupo de mi propia felicidad.

Para educar primero debemos educarnos, nuestra principal tarea como padres es la propia construcción personal.

Es fundamental mejorar cada día, ser honestos y responsables.

Las cosas importantes en la vida no son cosas, las sonrisas, las miradas, los abrazos, las caricias, las palabras, el aroma de la vida lo creas TÚ.

Hoy puede comenzar un romance para toda la vida…porque la magia no acaba nunca!!!










miércoles, 6 de noviembre de 2013



“UN VIAJE CON RUMBO DESCONOCIDO”




“El MATRIMONIO es un viaje con rumbo desconocido, en el que los integrantes deben compartir no sólo aquello que cada uno ignora del otro, sino también lo que desconocen de sí mismos"



El MATRIMONIO y el CAMBIO… cuando nos comprometemos no somos conscientes del viaje que vamos a compartir con una persona en constante cambio físico, emocional, intelectual y espiritual, es decir, las cuatro partes fundamentales en todo ser humano.

Es curioso cómo puede cambiar la perspectiva que tenemos de las cosas, de los conceptos, nuestras creencias, prejuicios y valores.

El matrimonio es una VIAJE, pero no cualquier viaje…aquí no existe un seguro en caso de accidente o pérdida de equipaje, es un viaje arriesgado, sin garantías, abierto al misterio, al aprendizaje, al descubrimiento.

Nos comprometemos un sábado y nos juramos “amor eterno” durante miles de sábados más, ignorando quién es realmente la persona con la que nos hemos comprometido y, quiénes somos en esencia nosotros mismos.

En este viaje es importante  que no nos olvidemos meter en la maleta los siguientes imprescindibles:



LA ESCUCHA, abrir nuestros oídos para entender las palabras y sus interpretaciones.



LA MIRADA, para observar al compañero de viaje como es y no como nos gustaría que fuera.



LA PALABRA, su impecabilidad para no exigir, hacer suposiciones y su correcta utilización para pedir, para preguntar.



LA ACEPTACIÓN, que implica la tolerancia, el respeto hacia el otro, la comprensión y la compasión.



LA AUTONOMÍA PERSONAL, poniendo el empeño para realizar nuestro sueño y cumplir nuestro proyecto vital.



Este último imprescindible sea quizás el más desconocido por varias razones, se nos ha transmitido desde la cuna que debemos encontrar nuestra media naranja, que es sinónimo de  que no seremos personas completas hasta dar con la parte que nos falta.

Ser personas autónomas nos conecta con nuestro proyecto de desarrollo personal, descubrirnos cada día y estar abiertos a la vida y su aprendizaje.

La dependencia en la pareja mata la esencia de la autenticidad del ser humano, su posibilidad de ser único e irrepetible.

Amar nuestra identidad es alimentar nuestra relación de pareja, nuestro proyecto compartido, nuestro rumbo.

Las personas que viven la pareja desde su AUTONOMÍA alimentan cada día la confianza, la coherencia e inevitablemente aprenden que la FELICIDAD es algo que depende de uno mismo, por este motivo serán felices consigo mismos y eligen vivir en pareja para potenciar su propia felicidad.

Amar al otro es amar al diferente, el que nos enriquece, nos nutre con otra forma de ver y entender el mundo, es compañero, confidente y espejo en el que vemos lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Descubrir cada día a la persona que tenemos al lado, no crearnos expectativas de lo que pasará mañana, simplemente dejarnos acariciar por el misterio y el instante del momento, no enfadarnos más de diez minutos pues el “orgullo” nos conduce a un túnel que no siempre tiene salida.



La PAREJA, un reto, una oportunidad para conocernos mejor.



No es la persona que nos ama quien debe saber cómo amarnos. Ella está allí, junto a nosotros, con su capacidad, su energía y su disposición afectiva. Pero somos nosotros quienes le enseñaremos a amarnos del modo en que necesitamos. Vivir con otro lleva  a la afinación y al uso de tres herramientas esenciales: la mirada, la pregunta, la escucha. Mirar, preguntar y escuchar son caminos de ida y vuelta. Cuando soy yo quien se vale de estas herramientas, el otro es mi maestro en el arte de amarlo. Cuando es ella/él quien las toma, yo soy un maestro en el arte de amarme. Así, el vínculo fluye como una interacción entre dos maestros que son, a su vez, aprendices”



(El arte de vivir en pareja, SERGIO SINAY)


viernes, 2 de noviembre de 2012

PARA TODA LA VIDA...









Esta genial frase que comparten tantas y tantas personas el día que toman la gran decisión de comprometerse "para toda la vida" yo, personalmente la trasladaría a otro gran día, el del nacimiento de nuestro hijo o hija.

En mi caso, no fui capaz de comprometerme "para toda la vida" el día que decidí casarme civilmente con el que es actualmente mi pareja, en cambio, en los nacimientos de mis dos hijos sabia que el compromiso con ellos seria "para toda la vida".

Acaba de terminar el grupo que dinamizo con personas en situación de ruptura convivencial y siempre me hace reflexionar sobre lo mismo.

Las alianzas que nos ponemos están muy bien cuando nos ayudan a respetarnos,a tolerarnos a amarnos pero... ¿que ocurre cuando esto empieza a fallar?

No tiene demasiada importancia cuando en la pareja no han nacido hijos, cada uno empieza su nueva etapa y podemos llevarnos bien  o podemos no llevarnos.

Cuando ha comenzado la triada, es decir, cuando la pareja ha decidido tener hijos entonces adquiere un compromiso de por vida, alguien debería poner esa alianza al bebe que acaba de nacer para recordar a su papa y a su mama que son los responsables de su bienestar, independientemente de que continúen o no como pareja.

Este concepto me parece fundamental para que los divorcios se conviertan en positivos.

Nos han vendido las separaciones como fracasos, como derrotas, como situaciones traumáticas y negativas pero debemos empezar a dar la vuelta a la tortilla puesto que cada día son más habituales y cada vez hay más niños que atraviesan estas situaciones.

Pues bien, el divorcio puede ser una oportunidad para crecer como personas, para comenzar una nueva etapa con entusiasmo e ilusión.

También un reto para educar a nuestros hijos/as en valores, para darles ejemplo de que, en ocasiones, las personas dejan de compartir el mismo proyecto de vida o evolucionan de manera diferente o  se enamoran de nuevo. Estas circunstancias forman parte de la vida, de este viaje y son legítimas y saludables siempre y cuando se hagan desde la franqueza y el respeto hacia el otro.

Como digo puede ser una oportunidad para dar ejemplo de responsabilidad, de sensatez, no de victimismo, de fracaso o de culpabilidad.

En todos estos años he aprendido a no temer al divorcio, a verlo desde otra perspectiva mucho más natural.

Quizás si pensáramos en la posibilidad de que el compromiso puede no ser eterno, si normalizáramos la ruptura y relativizáramos las consecuencias de dicha situación empezaríamos a entender que las relaciones son complicadas, que no hay que idealizar la imagen de familia, que al fin y al cabo somos personas grandes y pequeñas conviviendo con nuestros defectos y virtudes no en una película si no en una realidad.

En fin, que lo importante para mi, es ver a nuestra pareja como parte fundamental en la existencia de los hijos, que sin el o sin ella ellos no existirían, que por este motivo siempre deberíamos querernos como queremos a nuestros amigos o familiares.

De este modo, después del duelo tan necesario tras una separación, el siguiente paso debería ser de agradecimiento y profundo respeto por el bienestar de los hijos, porque como dice mi compañera Aurora, lo fundamental para un niño o niña es mantener el honor tanto de su padre como de su madre ya que es clave para el desarrollo de su integridad y futura personalidad.

No olvidemos que estamos formando personas, que les damos la vida pero la moldeamos cada día y nuestro ejemplo y forma de actuar es primordial para su salud tanto física como emocional.

Me despido dedicando este post a mi compañero de día a día, al padre de mis hijos, que es y será siempre este o no a mi lado...